OSMBA
Ordo Bonaerensis

Origen e historia


ORIGEN Y FUNCIÓN DE LA COFRADIA  DE NUESTRA SEÑORA DEL BUEN AYRE



Las cofradías de mareantes tenían una amplia tradición medieval tanto en los territorios de la Corona de Castilla como en los de Aragón. Antonio Rumeu de Armas (historiador y académico español) encuentra cofradías de mareantes en el siglo XII y con más profusión ya en el XIII. Eran institutos gremiales que agrupaban a las personas dedicadas al mar, en cada villa o ciudad costera. Sevilla, ciudad de larga tradición marinera, tenía una cofradía de pescadores con un hospital bajo la advocación del Espíritu Santo, y una cofradía de pilotos, maestres y contramaestres, bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Aire.

La Cofradía de Nuestra Señora de Bonaria dicha también de los Mareantes de Sevilla o indistintamente Cofradía o Hermandad de Nuestra Señora del Buen Aire, también denominada Santa María del Buen Aire tiene sus primeras Reglas en 1561, aunque desde antes de 1556 se empezaron a registrar en la documentación el ingreso de cofrades.



Su Excelencia Reverendísima el Señor Arzobispo de Sevilla
don Fernando de Valdés y Salas

Sus normas fueron aprobadas por los Oficiales de la Casa de Contratación, y posteriormente también por el Provisor del Arzobispado de Sevilla el 13 de marzo de 1561 por primera vez  y, por segunda vez, el 28 de diciembre de 1562, siendo Arzobispo de Sevilla y Presidente del Consejo de Castilla don Fernando de Valdés y Salas. Estas normas y sus aprobaciones daban forma legal a la existencia de una corporación de mareantes, radicada en Triana, el barrio marinero por antonomasia. Concretamente se estableció en la calle del Espíritu Santo, luego conocida como de los Mareantes y actualmente como Betis. Según Ollero Lobato se ubicaba sobre una parcela de 429 varas cuadradas, dando la fachada principal al río y disponiendo de una puerta trasera que salía a la entonces llamada calle Larga –hoy conocida como Pureza-. Su iglesia fue inaugurada en 1573. Se denominaba oficialmente “Hospital de Nuestra Señora de los Buenos Aires”, aunque se le conocía vulgarmente como hospital de los Mareantes, según se explica en el encabezamiento de las Actas de la Universidad de Mareantes de Sevilla.


La cofradía buscó, según el preámbulo de sus ordenanzas, el celo de servir a Dios, el bien de los marineros y de otras personas que navegaban en la Carrera de Indias “por mejor remediar algunas necesidades que se ofrecen en los susodichos, sus mujeres, hijos e criados…”. Se trataba, pues, de proporcionar una asistencia protectora y piadosa a sus miembros, objetivos que se materializó en manifestaciones religiosas, en una atención médica a los hermanos y en la asistencia pecuniaria a los más necesitados del grupo.

La cofradía daría principal culto a la Virgen del Buen Aire, a la que en un principio, y según un primer proyecto elaborado por los mencionados mareantes, solo podrían pertenecer «los pilotos y maestres examinados, señores de naos y contramaestres que estuvieran casados en estos reinos ».

Posteriormente, los Oficiales de la Casa de Contratación introducirían importantísimas novedades que se incluirían en el proyecto definitivo que sería finalmente aprobado. Dichas novedades consistían en que únicamente podrían ser miembros de la Cofradía «los maestres, pilotos y señores de naos que hubiesen navegado la Carrera de las Indias o fuesen casados en estos reinos, excluyéndose a los contramaestres ». Las modificaciones, pues, eran sustanciales, puesto que se reglamentaba ahora la exclusividad de aquellos dueños de naos, maestres y pilotos —con la exclusión de los contramaestres—, que marchaban a las Indias.

En cuanto a la ambigua expresión «casados en estos reinos »,  quería hacer referencia a aquellos marineros, que cumpliendo las características anteriormente descritas, fuesen extranjeros, los cuales, al casarse en los Reinos de España, pasaban a ser españoles.

Posteriormente, el 28 de diciembre de 1562, los «maestres, pilotos, capitanes y señores de naos», dándose el nombre de Universidad, se reunían en «el hospital que estamos haciendo en Triana », y configuraban la Regla Segunda —que sería igualmente modificada por los Oficiales de la Casa de Contratación sevillana—, por la que organizaban su actuación pública futura en pro de sus intereses como cuerpo, haciéndolos valer ante la cita de la Casa de Contratación, el Consejo de Indias, e incluso ante el rey, y dejando oír su voz en todo lo referente a la navegación trasatlántica. De hecho, los mareantes se considerarían siempre como los descendientes de los antiguos cómitres sevillanos.



 Su Majestad el Rey don Felipe II de España 


Finalmente, ambas Reglas serían presentadas conjuntamente por el procurador de la Universidad, Sebastián de Santander, ante el rey Felipe II, que las aprobaría también conjuntamente, mediante real provisión, dictada en Galapagar (Madrid) el 22 de marzo de 1569.

La institución tenía como finalidad principal, las obras asistenciales y piadosas. Posteriormente, dado el interés que suscitó entre sus hermanos, la corporación tuvo una triple vertiente, a saber: una devocional, siendo los titulares de la cofradía la Virgen del Buen Aire; otra asistencial, pues se erigía en hospital para curar a sus hermanos; y una última socio-política, pues también se articulaba como Universidad, “para defenderse de cualquier persona o institución que lesionase sus intereses".

Así, la Cofradía destinaba cantidades de sus fondos a rescatar cofrades que se hallaban cautivos, o hubiesen sido robados de corsarios, a dotar a huérfanas, a hijas de cofrades y a socorrer a aquellos miembros de la institución que por vejez o enfermedad no pudieran trabajar, atendiéndose igualmente en un hospital —que no se especifica si será de la Cofradía— a aquellos marineros —sin distinción de clases— enfermos o accidentados.

Los cofrades se comprometían también a acompañar a aquel hermano que se encontrase en la agonía, y en caso de fallecimiento, a proporcionar a su entierro cuatro sacristanes que llevasen las andas, y un acompañamiento que portaría hachas de cera, así como la celebración de rezos y misas por el alma del fallecido. Dichas prerrogativas también las podían disfrutar los familiares de los mareantes, contemplándose igualmente la posibilidad de que un particular quisiera ser enterrado por la Cofradía.


(izquierda) Libro de recepción de Hermanos
de la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Ayre
1556 - 1679

 


La cofradía de carácter religioso, tenía como principal misión ocuparse de que los cofrades tuviesen una buena muerte y, sobre todo, un pomposo entierro, rodeando al difunto con complicados ceremoniales, en los que abundasen las casullas, los cánticos y las velas encendidas. Desde el mismo momento en que se tenía noticia de que alguno de los hermanos estaba gravemente enfermo, varios cofrades se turnaban a la cabecera de su lecho y si, finalmente, la muerte visitaba la casa, el muñidor de la cofradía, vestido con un uniforme azul, recorría las calles del barrio marinero de Triana, llamando con una campanilla de plata para que nadie dejase de asistir al entierro. La ceremonia fúnebre, como se ha dicho, se pretendía fuese lo más lujosa posible y de esta manera muchos viejos marinos, que como la mayoría de los de su oficio no habían tenido un excesivo reconocimiento social en vida, pretendían compensar esta frustración entrando en el más allá envueltos en nubes de incienso. De esta manera la muerte de los cofrades se convertía en el último acto de la vida, destinado a poner a la vista del resto de la sociedad la dignidad de los componentes de la hermandad.

La única fuente de ingresos de esta institución estaría formada por la cantidad que debería entregar cada cofrade en el momento de su ingreso —dos ducados y medio real al muñidor— así como la contribución de un cuarto de soldada de todas las naves que viajaran a Indias, y las limosnas que se recogiesen en la alcancía que al efecto llevaría cada embarcación. Asimismo, en cuanto a su funcionamiento, se ordenaba que se efectuaran tres cabildos anuales, a los que deberían asistir todos los cofrades.

Capítulo igualmente importante era el referido a las fiestas de la Cofradía —que también lo eran de la Universidad—, sobre todo las de la Virgen del Buen Aire, patrona de los mareantes, celebrada en septiembre, así como las de San Pedro y San Andrés, abogados igualmente de los mareantes, que lo eran en junio y febrero respectivamente. Todas ellas se debían celebrar con vísperas solemnes, misas y sermón. Asimismo, se reglamentaba que se hiciera también una misa en la octava de Todos los Santos, con su vigilia y responso, y una misa cantada con diácono y subdiácono por las almas de los cofrades difuntos. En todas ellas debían de estar presentes todos los cofrades.

A medida que transcurrían los años, la Cofradía  mudó a un fin eminentemente religioso asistencial hospitalario, ya que se encargaría de socorrer a los cofrades, viudas y huérfanas, así como de la organización de un hospital, el cual, en la confusa articulación de ambas reglas no se especifica si era obra propia de la Cofradía o de la Universidad. La única noticia cierta al respecto estriba en que, tanto el hospital como su iglesia —de la que tampoco se hace mención en ninguna de las dos reglas—, fue edificadas en Triana, al lado del río, siendo, ambos, de los edificios más notables de Sevilla, utilizándose una sala de dicho hospital como sala de cabildo de la Universidad.


 Su Eminencia Reverendísima el Señor Arzobispo de Sevilla
don Fernando cardenal Niño de Guevara

El 24 de junio de 1596 se aprobaron  nuevas reglas ante el Arzobispo ordinario de Sevilla Su Eminencia don Fernando cardenal Niño de Guevara, convirtiéndose en hermandad de penitencia, cuya salida con sus imágenes titulares quedó fijada en la tarde del Miércoles Santo. En el último cuarto del siglo XVII, probablemente en 1682, se trasladaron a su nueva sede en el colegio de San Telmo, cayendo en desuso su anterior asiento que entró en ruinas en la segunda mitad del siglo XVIII hasta su total desaparición. El nacimiento del Colegio de San Telmo de Sevilla en 1681 obedeció a la crónica escasez de gente de mar, y más singularmente, de pilotos que se venía arrastrando desde el siglo XVI. La Universidad de Mareantes fue nombrada administradora de la escuela de náutica sevillana, cargo en el que se mantuvo más de una centuria, hasta 1786, año en el que el Colegio experimentó una profunda reforma de corte ilustrada, con cambios, entre otros, que afectaron a su cúpula de gobierno. La Universidad fue separada de la administración del establecimiento de náutica, y también la Casa de la Contratación de Sevilla desaparecía para siempre del teatro de la navegación y del comercio colonial.

Como el gremio de Mareantes fue muy poderoso en Sevilla, igualmente poderosa fue su institución, es decir, la cofradía, el Hospital y la Universidad de Mareantes. Incluso, llegaron a tener hermandades filiales en América, como la que tenía su sede en el monasterio de San Francisco de Veracruz, en México; Capilla en el Castillo de San Felipe del Morro, en San Juan de Puerto Rico; en la Real Fortaleza de don Juan Baltasar de Austria llamada posteriormente Fortaleza de San Migue de Buenos Aires (situada en el lugar Real de Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre) hoy Ciudad de Buenos Aires, Argentina, donde aún se conserva la primera imagen de Nuestra Señora del Buen Ayre -toda de hierro- expuesta hoy en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada; instancia que fue legada para el Virreinato del Rio de la Plata como promesa cumplida por don Pedro de Mendoza, primer fundador de Buenos Aires, quien era miembro de la cofradía de mareantes de Triana.

A partir de 1630, los propios hermanos son conscientes de haber entrado en decadencia. Desde mediados de siglo, las reuniones escasean y entre 1660 y 1680 las reuniones son esporádicas y todas versan sobre cuestiones exclusivamente religiosas.

Las últimas noticias que se tienen en España de ésta Cofradía están fechadas en el siglo XVIII siendo probable su desaparición en algún momento del primer tercio del siglo XIX. Aquí en la hoy Argentina su memoria ha sido cuidada por el Fuero de Hidalgos del Río de la Plata de donde parte y surge el restablecimiento simbólico y continuidad de la misma en el año 2003. La agrupación de Hidalgos a Fuero del Río de la Plata fue creada a instancias del privilegio de hidalguía concedida por mandato de Su Majestad el rey Felipe II en 1573 a descubridores, conquistadores y primeros pobladores más sus descendientes a través las Ordenanzas de Población incorporadas a la Legislación de las Indias y vigentes por mas de tres siglos, con iguales honras y preeminencias que deben de haber y gozar todos los hijosdalgo y caballeros de Castilla.